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Columnas

Prosa aprisa

Arturo Reyes Isidoro 03 de Noviembre de 2026

Nahle llega a su segundo informe con 137 mdp por aclarar a la ASF

(El mundo entero tendrá puestos los ojos este martes en Estados Unidos. Se celebrarán las elecciones intermedias, en las que los republicanos buscarán mantener la mayoría en el Congreso, y con ello el poder del presidente Donald Trump, mientras que los demócratas buscarán quitársela y acotar sus decisiones. No soy especialista en el tema, pero creo que no podemos estar optimistas si

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DE PRIMERA MANO

Por Omar Zúñiga 03 de Noviembre de 2026

Distrito Zapata, Renato es la carta

En Morena lo saben, aunque pocos lo dicen en voz alta, el distrito federal 08 de Veracruz, con cabecera en Las Trancas, municipio de Emiliano Zapata, está anotado en la libreta de los que se pueden perder en 2027.

Y no es un distrito cualquiera.

De acuerdo con la redistritación que aprobó el INE en 2023, y que regirá la elección del 6 de junio de 2027, el 08 se compone de

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ColumnaSinNombre

Pablo Jair Ortega 03 de Noviembre de 2026

LA CONFIANZA DE AYUDAR A QUIENES LO PERDIERON TODO

Veracruz es uno de los estados más vulnerables y afectados de manera recurrente por las lluvias en México.

De acuerdo con registros de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), es la entidad con el mayor número de impactos directos de ciclones y tormentas de todo el país, además de concentrar el mayor porcentaje de declaratorias de desastre natural a nivel nacional. (Si no me cree, consulte en Google).

Octubre

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Noticias

 
Urgente y Necesario

Lenin Torres Antonio 03 de Noviembre de 2026

PEPE MUJICA: LA VOZ QUE LA HUMANIDAD NO SUPO ESCUCHAR

Un homenaje póstumo necesario para éstos tiempos, a un sembrador de conciencia en tiempos de retroceso civilizatorio

Hay hombres que mueren y desaparecen de la historia, otros mueren y comienzan a ser verdaderamente escuchados, José (Pepe) Mujica, fallecido el 13 de mayo de 2025, pertenece a esos hombres cuya ausencia parece agrandar la presencia de sus palabras.

Confieso que no me había detenido a escucharlo con la atención que merecía. Sabía de su existencia, de su historia de lucha, de sus años de prisión, de su presidencia y de esa extraordinaria manera de vivir sin rendirle culto al poder ni a la riqueza. Pero fue después de su muerte cuando me encontré verdaderamente con su pensamiento.

Y experimenté una extraña sensación: la de escuchar en su voz muchas de las preocupaciones que durante años he venido expresando en mis escritos sobre la condición humana, la irracionalidad, el poder, la libertad y el destino de nuestra civilización.

No pretendo compararme con su sabiduría. Él había recorrido el difícil camino de convertir sus convicciones en una forma de existencia. Yo he transitado, principalmente, por los caminos de la filosofía, el psicoanálisis y la crítica política. Pero descubrí que, desde experiencias diferentes, habíamos llegado a una preocupación común: ¿cómo es posible que una humanidad tan extraordinariamente inteligente sea, al mismo tiempo, tan cruel y estúpida consigo misma?

Esa pregunta no apareció ayer en mis reflexiones. En 2008, en mi ensayo Un urgente retorno a la Physis del Nomos: A propósito del orden social, publicado en la revista Subje/Civitas, me interrogaba sobre el deterioro de la convivencia, la pérdida del sentido de pertenencia, el debilitamiento de lo público y la necesidad de volver a pensar la condición humana desde nuestra inevitable existencia con los otros (Torres Antonio, 2008).

Muchos años después, en La cruel y estúpida humanidad (2026), regresé a esa misma preocupación, ahora con la amarga constatación de una civilización que, pese a sus extraordinarios adelantos, sigue convirtiendo el sufrimiento humano en una experiencia cotidiana y, demasiadas veces, indiferente.

Al escuchar a Mujica descubrí que él había llegado, desde la experiencia de vivir, luchar y gobernar, a preguntas semejantes.

Pepe no necesitaba construir complejos sistemas filosóficos para denunciar las contradicciones de nuestro tiempo. Le bastaba mirar la vida.

Había comprendido que la riqueza puede convertirse en una forma de esclavitud, que el poder puede terminar devorando a quienes lo ejercen y que una sociedad obsesionada con acumular cosas corre el riesgo de quedarse sin tiempo para vivir.

En su discurso ante la Conferencia Río+20, el 20 de junio de 2012, Mujica formuló una advertencia que hoy parece más vigente que entonces: la gran crisis no es ecológica, es política, (Mujica, 2012).

No estaba negando el deterioro ambiental. Estaba señalando algo más profundo: nuestra incapacidad para gobernar las fuerzas económicas y culturales que nosotros mismos habíamos desatado.

¡Qué terrible paradoja la nuestra! Hemos aprendido a producir casi todo, menos una humanidad capaz de vivir humanamente.

Mientras el mundo celebraba los índices de crecimiento económico, él preguntaba por el sentido de la existencia. Mientras los gobiernos confundían el desarrollo con la acumulación, él recordaba que el tiempo, la libertad y los afectos constituyen riquezas que ningún mercado puede producir.

Mujica comprendió que el problema de nuestra civilización no es solamente económico. Es profundamente humano.

Hemos construido un mundo donde la economía, que debería ser un instrumento para mejorar nuestras condiciones de existencia, ha terminado convirtiéndose en el principio organizador de nuestras vidas.

Trabajamos para consumir, consumimos para pertenecer y pertenecemos a una sociedad que nos exige seguir consumiendo. Y cuando finalmente creemos haber alcanzado aquello que llamamos éxito, descubrimos que hemos entregado a cambio lo único verdaderamente irrecuperable: nuestro tiempo.

En la entrevista concedida a Hugo Alconada Mon y difundida a comienzos de 2025, Pepe insistía en que la existencia necesitaba una causa que la justificara, fuera la transformación social, el arte, la literatura o cualquier actividad capaz de comprometer profundamente a una persona. Hay que tener una causa para vivir, decía (Alconada Mon, 2025).

¡Cuánta filosofía cabe en esa sencilla afirmación!

Yo he intentado pensar esa misma tragedia desde lo que he llamado el retroceso civilizatorio: el proceso mediante el cual una humanidad que avanza científicamente retrocede en su capacidad de organizar racionalmente su convivencia.

En Mercaderes de guerra y tribunos de pacotilla: radiografía del retroceso civilizatorio (2026), señalé precisamente la contradicción entre la sofisticación tecnológica de la destrucción y la insuficiencia de nuestra conciencia moral y política para impedirla.

Porque no hay verdadero progreso cuando la riqueza aumenta mientras la desigualdad se profundiza; cuando la tecnología multiplica nuestras capacidades, pero también nuestros instrumentos de destrucción; cuando la democracia promete igualdad política mientras las condiciones materiales de la existencia quedan subordinadas a poderes que escapan al control ciudadano.

No estamos ante una crisis de inteligencia. Estamos ante una crisis de conciencia civilizatoria.

Y esa fue una de las grandes advertencias de Mujica.

No era un enemigo del progreso ni un predicador de la pobreza. Era un hombre que había aprendido a distinguir entre lo necesario para vivir dignamente y lo superfluo que termina apropiándose de nuestras vidas.

Tampoco confundió la crítica al capitalismo con la justificación de un Estado omnipotente. Comprendió que el Estado es una construcción humana, un instrumento cuya orientación depende de las decisiones políticas y de los intereses que lo gobiernan.

Ahí encuentro otra de nuestras coincidencias.

En mi artículo A propósito de los contenidos pendientes de la 4ª T. (2025), advertí sobre la subordinación de la política a la concentración del poder económico y la necesidad de recuperar una Gran Política capaz de discutir la distribución de la riqueza, la democracia económica y las condiciones de una existencia digna.

Por caminos diferentes, ambos nos encontramos ante un dilema central de nuestro tiempo: ni el mercado debe convertirse en dueño de la existencia humana ni el Estado puede erigirse en propietario de nuestra libertad.

La libertad debe ser la finalidad y el límite de toda organización política y económica.

Pero hay algo todavía más profundo en el legado de Pepe: su negativa a convertir el resentimiento en destino.

Un hombre que conoció la prisión, la tortura y la soledad pudo haber convertido el odio en el centro de su existencia. No lo hizo.

En aquella entrevista, al reflexionar sobre su pasado, expresó una enseñanza que merece sobrevivirle: hay cuentas que no se cobran; se cargan, (Alconada Mon, 2025).

Sin olvidar sus padecimientos, decidió que su porvenir no debía quedar prisionero de ellos.

¡Cuánto necesitamos aprender de esa actitud en una época donde la política parece alimentarse del odio y donde el adversario ha dejado de ser alguien con quien discutir para convertirse en un enemigo al que destruir!

Pepe comprendió que las causas humanas son más largas que la vida de quienes las defienden.

Por eso también supo retirarse del poder. Entendió que ningún dirigente puede apropiarse de una causa colectiva, que ninguna transformación pertenece eternamente a quienes la iniciaron y que la verdadera continuidad política consiste en hacer posible que otros lleguen más lejos.

En su entrevista con Emiliano Cotelo, realizada el 2 de diciembre de 2024, expresó la importancia de la renovación generacional y habló de la satisfacción de ver continuar a su organización política sin necesidad de permanecer él al frente (Cotelo, 2024).

Esa enseñanza resulta particularmente necesaria en una época de caudillismos, personalismos y movimientos políticos que corren el riesgo de convertirse en monumentos a sus fundadores.

Las grandes causas no necesitan hombres eternos. Necesitan generaciones capaces de superarlos.

Y mientras escuchaba sus últimas reflexiones, encontré otra coincidencia que me produjo una profunda inquietud.

Pepe tenía miedo de que la humanidad no alcanzara a corregir sus errores.

No era solamente el miedo personal a la muerte. Era la preocupación de un hombre que, acercándose al final de su existencia, seguía pensando en el destino de quienes continuarían viviendo después de él.

Esa inquietud atraviesa también mis reflexiones sobre la necesidad de una Segunda Ilustración.

En La psicología ante la crisis de la condición humana (2026), sostuve que nuestras dificultades contemporáneas no pueden explicarse exclusivamente desde la interioridad individual, porque somos seres constituidos por relaciones históricas, afectivas, simbólicas y comunitarias. De ahí mi propuesta del sujeto nodal y de la libertad entendida como la capacidad creciente de reconocer y reorganizar nuestras determinaciones.

Esta preocupación, expresada también en mis propuestas sobre la reconstrucción del vínculo social, encuentra una afinidad ética con la insistencia de Mujica en la solidaridad, la sobriedad y la responsabilidad hacia los demás.

No significa que ambos hayamos formulado la misma teoría.

Él nos hablaba desde una ética de la vida vivida. Yo he intentado avanzar hacia una explicación filosófica de las condiciones que hacen posible o imposible una existencia verdaderamente humana.

Pero ambos caminos se cruzan en una pregunta decisiva: ¿para qué queremos transformar el mundo si no somos capaces de transformar las condiciones que nos impiden vivir dignamente en él?

Mujica no nos dejó una teoría acabada de la condición humana. Nos dejó algo que quizá resulte todavía más difícil de encontrar: una vida que intentó mantenerse fiel a lo que pensaba.

Y esa coherencia merece ser reconocida sin convertirlo en un santo, sin borrar sus errores y sin transformarlo en otro de esos mitos que terminan por petrificar las enseñanzas de los hombres.

Porque el mejor homenaje a Pepe Mujica no consiste en levantarle monumentos, repetir sus frases o celebrar su austeridad como una curiosidad política.

Consiste en interrogarnos por qué hemos construido una civilización donde vivir sencillamente parece una extravagancia, donde la honestidad sorprende, donde la solidaridad necesita justificarse y donde la libertad suele confundirse con la capacidad de comprar.

Tal vez Pepe fue una de esas voces que el mundo escuchó, aplaudió y admiró, pero cuyas advertencias no estuvo dispuesto a asumir plenamente.

Y aquí reside nuestra tragedia: hemos aprendido a homenajear a nuestras conciencias críticas sin necesariamente escuchar aquello que nos exigen transformar.

Hoy Pepe ya no está.

Pero sus palabras adquieren una actualidad dolorosa en medio de las guerras, la desigualdad, la crisis ambiental, el resurgimiento de los autoritarismos y la subordinación creciente de la política a los intereses económicos.

Su muerte nos devuelve una pregunta incómoda: ¿de qué nos sirve admirar a los hombres que nos enseñaron a vivir si seguimos construyendo un mundo que niega sus enseñanzas?

He llegado tarde a escuchar detenidamente a Pepe Mujica. Pero quizá nunca sea demasiado tarde para reconocer una conciencia que nos obliga a examinar la nuestra.

Me habría gustado conversar con él. No para encontrar respuestas definitivas, sino para compartir preguntas sobre esta humanidad que tanto nos preocupa y que, a pesar de todas sus miserias, seguimos empeñados en defender.

Él, desde su chacra, con sus árboles, su tierra y esa sabiduría nacida de la experiencia.

Yo, desde mis apuntes filosóficos, intentando comprender las contradicciones de una civilización que parece caminar contra sí misma.

Dos caminos distintos frente a una misma incertidumbre: si tendremos todavía la inteligencia, la voluntad y el tiempo necesarios para rectificar nuestro destino.

Pepe se reconocía como un sembrador. Y quizá esa sea la más hermosa manera de comprender su legado.

Sembró ideas que no necesariamente vería florecer. Quiso plantar árboles para generaciones que todavía no habían nacido. Defendió causas cuyos frutos pertenecen al porvenir.

Hoy que su voz se ha apagado, nos corresponde decidir si aquellas semillas encontrarán tierra fértil o si continuaremos enterrando, junto con nuestros muertos, las oportunidades de transformar nuestra existencia.

Pepe Mujica no necesita que lo lloremos eternamente. Necesita que no olvidemos aquello por lo que vivió.

Porque la humanidad no está condenada a repetir indefinidamente sus errores, aunque tampoco tiene garantizada su supervivencia.

Y si todavía es posible otra condición humana, tendremos que construirla recuperando lo que hombres como Pepe supieron defender: la libertad, la solidaridad, la sobriedad, el amor por la vida y la responsabilidad con quienes vendrán después de nosotros.

Descansa en paz, Pepe Mujica.

Que tu muerte no se convierta en el silencio de tus advertencias.

Que tu sencillez no sea reducida a una anécdota.

Que tu pensamiento no termine domesticado por los mismos poderes que interrogaste.

Y que algún día podamos decir que aquella humanidad por la que luchaste comenzó, finalmente, a comprender que ninguna riqueza vale más que la vida y que ninguna forma de progreso merece ese nombre si nos obliga a renunciar a nuestra humanidad.

Porque el verdadero homenaje a los que sembraron conciencia no es recordar sus palabras, sino impedir que sus advertencias se conviertan en nuestro epitafio civilizatorio.

Referencias

Mujica, J. (2012, 20 de junio). Discurso del presidente José Mujica en la Conferencia Río+20. Ministerio de Relaciones Exteriores del Uruguay.

https://www.gub.uy/ministerio-relaciones-exteriores/comunicacion/noticias/discurso-del-presidente-mujica-en-rio-20-el-primer-elemento-del-medio

Alconada Mon, H. (2025, 5 de enero). Pepe Mujica: Necesitamos una sociedad más sobria… temo que la humanidad camine a un holocausto ecológico. Humanidad. Reproducción de entrevista de La Nación.

https://humanidad.com.ar/2025/01/05/pepe-mujica-necesitamos-una-sociedad-mas-sobria-temo-que-la-humanidad-camine-a-un-holocausto-ecologico/

Cotelo, E. (2024, 2 de diciembre). Entrevista a José Mujica. En Perspectiva, Radiomundo. Recuperada en el archivo del programa el 13 de mayo de 2025.

https://enperspectiva.uy/en-perspectiva-programa/entrevista-central/volve-a-escuchar-la-ultima-entrevista-de-jose-mujica-con-emiliano-cotelo-en-en-perspectiva/

Torres Antonio, L. (2008). Un urgente retorno a la Physis del Nomos: A propósito del orden social. Subje/Civitas, 1(1).

https://subjecivitas.com.mx/vol1/num1/torres_physis_nomos.pdf

Torres Antonio, L. (2025, 2 de enero). A propósito de los contenidos pendientes de la 4ª T. Apuntes desde el suelo, Oye Veracruz.

https://www.oyeveracruz.com.mx/columna.php?id=40070

Torres Antonio, L. (2026, 16 de abril). Mercaderes de guerra y tribunos de pacotilla: radiografía del retroceso civilizatorio. Apuntes desde el suelo. Los periodistas online.

https://losperiodistas.online/noticia/mercaderes-de-guerra-y-tribunos-de-pacotilla-radiografia-del-retroceso-civilizatorio

Torres Antonio, L. (2026, 3 de junio). La cruel y estúpida humanidad. Apuntes desde el suelo, Cambio digital.

https://cambiodigitalnoticias.com/la-cruel-y-estupida-humanidad/

Torres Antonio, L. (2026, 13 de agosto). La psicología ante la crisis de la condición humana. Apuntes desde el suelo, Oye Veracruz.

https://www.oyeveracruz.com.mx/columna.php?id=48834

Torres Antonio, L. (2026). La política actual de México. Apuntes desde el suelo.

Entorno Político.

https://www.entornopolitico.com/columna/68959/lenin-torres-antonio/

Torres Antonio, L. (2025) TRUMP EL SEPULTURERO DE LA ILUSTRACIÓN A propósito del retroceso civilizatorio. Apuntes desde el suelo. Proyectos Políticos.

https://www.proyectospoliticos.com.mx/colum/trump-el-sepulturero-de-la-ilustraciona-proposito-del-retroceso-civilizatorio/

Noviembre de 2026