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Arturo Reyes Isidoro 08 de Julio de 2026
Por Omar Zúñiga 08 de Julio de 2026
Pablo Jair Ortega 08 de Julio de 2026
Pablo Jair Ortega 08 de Julio de 2026
DESAPARECE LA “ESQUINA DEL PODER”
Durante décadas, en Xalapa se decía que el poder del Palacio de Gobierno residía en la esquina del edificio que está frente al edificio Nachita, donde hoy todavía se ubican las oficinas de la Secretaría General de Gobierno.
Y es que el secretario de Gobierno, durante el cuasieterno priato jarocho, simbolizaba la figura del jefe del gabinete, el rudo del sistema e incluso líder político de las instituciones y organizaciones, sólo después del gobernador.
Otra figura relevante en el priato antiguo era el subsecretario, quien era regularmente una persona considerada como el “dedo chiquito” del gobernador en turno, encargado de operar tareas específicas, incluso —a veces— con más poder que el titular de la Secretaría o para hacer contrapeso cuando el secretario era alguien enviado desde la Ciudad de México.
Los secretarios de Gobierno también eran los candidatos naturales a la gubernatura por el gran poder que acumulaban y la capacidad de recursos que manejaban, como la información política a través de espionaje, el dinero que no se reportaba (muchos líderes de organizaciones llegaban a esa oficina a cobrar puntualmente cada mes para no hacer manifestaciones), o el control de la policía y oficiales de Tránsito (hasta antes de la creación de la Secretaría de Seguridad Pública en 2001, la Secretaría de Gobierno era la que controlaba a la Policía Estatal y Tránsito del Estado).
No obstante, la misma historia reciente nos cuenta que si bien la Secretaría de Gobierno era un ente muy poderoso, curiosamente no ha llegado hasta el día de hoy un titular a la gubernatura, sucediendo a su gobernador. Sólo han habido dos que se han convertido en interinos y fue porque el mandatario en turno abandonó el cargo.
La referencia histórica más emblemática quizás sea la del “Carbonelazo”, cuando era gobernador Rafael Murillo Vidal (1968-1974) y se decía que el seguro sucesor era su subsecretario de Gobierno, Manuel Carbonell de la Hoz; pero éste fue bajado de última hora desde la Ciudad de México y llegó al cargo el diputado federal Rafael Hernández Ochoa.
Hernández Ochoa (de 1974 a 1980) tuvo como secretarios de Gobierno a Luis Octavio Porte Petit Moreno y Emilio Gómez Vives. En ese entonces, Carlos Brito Gómez se desempeñó de manera muy destacada como subsecretario de Gobierno y fue quien operó la llegada de una nueva generación de políticos que permanecieron en el poder hasta el fin del priato en 2010; otros todavía subsisten, pero ya muy desconectados de la realidad y sin gas.
El siguiente gobernador sería Agustín Acosta Lagunes, proveniente de la Casa de Moneda y la Secretaría de Hacienda. Quizás uno de los mejores del siglo pasado, pues logró mantener control en las finanzas, además de que hizo mucha obra de puentes para conectar a un Veracruz que todavía se trasladaba en pangas. Don “Agus” tuvo a tres secretarios de Gobierno que destacaron: Raúl Lince Medellín, Ignacio Morales Lechuga (quien dejó el cargo tras diferencias con el mandatario) y Felipe Amadeo Flores Espinoza.
El sucesor sería una de las vacas sagradas del priato: Fernando Gutiérrez Barrios, el temido capitán y jefe de la policía política conocida como la poderosa Dirección Federal de Seguridad (algo así como la CIA región 4). El también llamado “Hombre Leyenda” estuvo sólo dos años (1986-1988) porque fue llamado al gabinete de otro tenebroso: el presidente Carlos Salinas de Gortari. Fue así que llegó como gobernador interino Dante Delgado Rannauro, quien estuvo cuatro años hasta 1992 y su secretario de Gobierno fue el hoy notario público Miguel Ángel Díaz Pedroza.
Y siguiendo con esa dinámica de que todo se ordenaba desde Palacio Nacional y las oficinas del PRI en la capital del país, llegó Patricio Chirinos Calero como candidato del presidente, convirtiéndose en gobernador para el periodo 1992-1998 y teniendo como poderoso secretario de Gobierno a Miguel Ángel Yunes Linares, quien se decía era el verdadero poder tras el poder, pero no llegó a sucederlo.
En cambio, llegó Miguel Alemán Velasco para el periodo 1998-2004. Con él arribaron Nohemi Quirasco Hernández como la primera mujer secretaria de Gobierno; y Flavino Ríos Alvarado, quien también pudo haber llegado como gobernador.
Algo peculiar pasó en ese momento de la historia: el PRI perdió la Presidencia de la República en 2000 con el payaso panista Vicente Fox Quesada, pero tenía en su poder casi todas las gubernaturas del país. Luego entonces, los gobernadores se convirtieron en algo así como virreyes, sin necesidad de rendirle cuentas al presidente, rompiendo así con la hegemonía de que las órdenes desde la “nomenklatura” eran inapelables y de carácter obligatorio.
En esta circunstancia se dio la lucha del poder en Veracruz, imponiéndose el senador Fidel Herrera Beltrán como candidato del PRI y gobernador para el periodo 2004-2010. Un periodo que se recuerda por el gran populismo del mandatario estatal, pero también marcado por la sangrienta guerra que sostenían los cárteles del narcotráfico para controlar el territorio estatal.
Como secretario de Gobierno estaba el polémico abogado Reynaldo Escobar, pero Fidel lo tenía “congelado” y a duras penas le daba tareas, pues todo lo operaban los jóvenes que llegaron con el entonces gobernador y eran apodados “Los Niños de la Fidelidad”
Quien llegaría a relevar al famoso “Tío Fide” fue su ex secretario de Finanzas (uno de los “niños”) y diputado federal Javier Duarte de Ochoa para el periodo 2010-2016, siendo el gobernador más joven en la historia de Veracruz. Esto desencadenó que los grupos priistas desataran una guerra interna por el control del partido y el estado, pues a Javier no lo consideraban como parte de los priistas “tradicionales” que durante años habían esperado la oportunidad para convertirse en candidatos a la gubernatura.
Esta guerra sólo ocasionó más la debacle del PRI, pues para las elecciones de 2016, el PRI perdería la gubernatura de Veracruz por primera vez en su historia, derrotado por un ex priista: Miguel Ángel Yunes Linares, pero bajo las siglas del PAN y sólo por un periodo corto de dos años (2016-2018) ya que su antecesor le dejó una reforma electoral para homologar comicios federales y locales.
Yunes Linares tuvo como secretario de Gobierno a Rogelio Franco Castán, pero éste tenía muchas acusaciones que debilitaron su cargo (como las palizas que le daba a su esposa). También se decía que sólo era un secretario de membrete, porque el poder lo concentraba el gobernador, quien se apoyaba en dos alfiles de toda su confianza: el secretario de Seguridad, Jaime Télle Marié; y el secretario de Educación, Enrique Pérez Rodríguez.
Así, la Secretaría de Gobierno sólo se convirtió en una oficina a donde relegaron a los perredistas que apoyaron a Yunes en su campaña, pero sin el poder que ostentaba.
Empeñado en dejar a su hijo como su sucesor, Yunes Linares y su chilpayate perdieron la gubernatura con la llegada de Morena como el partido dominante en el país. De esta manera, llegó al poder Cuitláhuac García Jiménez, a quien desdeñaban los grupos políticos tradicionales que se habían entregado con todo al hijo de Yunes.
Con Cuitláhuac (2018-2024) llegó un tal Eric Cisneros Burgos, quien comenzó a tener notable presencia porque rompió las reglas históricas de no rebasar al gobernador ni en carretera. Llegó incluso a inaugurar obras sin la presencia del mandatario, hacía presentaciones faraónicas para presentar libros según escritos por él y convocaba a reuniones con alcaldes sin pedir permiso.
Aprovechando que tenía mucho más colmillo que el resto de sus compañeros, Cisneros se convirtió en el “bully” del gabinete. Presionaba a sus compañeros secretarios e incluso llegó a sacar del gabinete (buscando así colocar a afines) a gente de la entonces secretaria de Energía, Rocío Nahle, de quien ya se sabía sería la candidata de Morena para 2024.
Así, el secretario de Gobierno perdió el piso, se alocó y pensó que realmente iba a ser el sucesor de Cuitláhuac porque ya se consideraba a sí mismo como el jefe político de Veracruz.
Pero con todo e intrigas, Eric no pudo ganarle la encuesta a la gubernatura a Rocío Nahle.
¿Y por qué todo este borlote histórico? Porque la hoy gobernadora Rocío Nahle anunció una reestructura al interior del Palacio de Gobierno, donde este lunes dio un recorrido con medios de comunicación explicando los detalles de toda la rehabilitación que se ha hecho a este inmueble histórico.
La reestructura es sencilla: todas las oficinas de la Secretaría de Gobierno pasarán a la planta baja del Palacio y no para minimizar al actual titular, Ricardo Ahued Bardahuil (de quien se expresa excelente y lo reconoce como uno de sus apoyos más fuertes), sino porque la mandataria está enfocada en agilizar los procesos de atención a la ciudadanía.
De hecho, la Oficialía de Partes, de acuerdo a lo informado por la mandataria, va a quedar exactamente en la entrada.
Por su parte, las oficinas que usaba dicha Secretaría pasarán a ser salones de reuniones y una de ellas llevará el nombre de una mujer.
La propia gobernadora, al anunciar este cambio de las oficinas, volvió a dar espaldarazo a su secretario de Gobierno, subrayando que él personalmente y su gente “reciben a muchísima gente de todo el estado” y que él la ayuda “muchísimo” para atender los problemas o la solicitudes cuando ella no se encuentra en Palacio.
Así que esta nueva forma de hacer política más humanista, ya se trasladó físicamente a las oficinas del Palacio de Gobierno; esa esquina del poder tenebroso tan temido en los tiempos priistas —y del sexenio de Cuitláhuac— pasa a ocupar la planta baja a donde tendrán mejor acceso quienes se acercan para ser escuchados en sus peticiones.
Ya sabe: es meramente atención ciudadana y menos grilla, usando un edificio como debe ser: al servicio de sus gobernados.