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Columnas

Prosa aprisa

Arturo Reyes Isidoro 14 de Agosto de 2026

Rocío y Manuel le echan montón, pero el ingenio sigue cerrado

Este viernes se cumplen nueve días de que el ingenio San Pedro cerró en el municipio de Lerdo de Tejada dejando en el limbo a cerca de cinco mil familias de toda la zona de los Tuxtlas que vivían de su actividad. El problema tiene rebasado al gobierno de Morena y aunque este jueves en horas distintas la gobernadora Rocío Nahle y el senador Manuel

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DE PRIMERA MANO

Por Omar Zúñiga 14 de Agosto de 2026

Dorheny, el arte de “embromarse”

*Cuando la defensa es más grave que la denuncia

Hay declaraciones que se explican solas y hay declaraciones que, en su intento por explicar algo, terminan por confirmarlo todo.

A ese segundo género pertenecen las declaraciones que la diputada de Morena Dorheny García concedió para responder a la denuncia de un extrabajador de su equipo en el Congreso de Veracruz, quien la acusa de “mocharle” sistemáticamente parte de su quincena.

El caso, vale la

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Apuntes desde el suelo

Dr. Lenin Torres Antonio1 14 de Agosto de 2026

La psicología ante la crisis de la condición humana

Reflexiones a propósito de los 50 años del Instituto de Investigaciones Psicológicas de la Universidad Veracruzana

Hay momentos en la vida académica que poseen un significado que rebasa cualquier curriculum, cualquier publicación o cualquier reconocimiento profesional. Este es uno de ellos.

Cuando una institución cumple cincuenta años, no sólo celebra una fecha. Celebra medio siglo de sueños, de esfuerzos compartidos, de generaciones de estudiantes formados, de investigaciones realizadas, de

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Noticias

 
Apuntes desde el suelo

Dr. Lenin Torres Antonio1 14 de Agosto de 2026

La psicología ante la crisis de la condición humana

Reflexiones a propósito de los 50 años del Instituto de Investigaciones Psicológicas de la Universidad Veracruzana

Hay momentos en la vida académica que poseen un significado que rebasa cualquier curriculum, cualquier publicación o cualquier reconocimiento profesional. Este es uno de ellos.

Cuando una institución cumple cincuenta años, no sólo celebra una fecha. Celebra medio siglo de sueños, de esfuerzos compartidos, de generaciones de estudiantes formados, de investigaciones realizadas, de debates intelectuales y de una búsqueda permanente por comprender uno de los mayores enigmas del universo: el ser humano.

Para quienes hemos tenido el privilegio de formar parte de la historia del Instituto de Investigaciones Psicológicas, esta conmemoración tiene además una dimensión profundamente personal.

Al volver hoy a esta comunidad, inevitablemente regresan los recuerdos de aulas, oficinas, seminarios, congresos, proyectos de investigación, discusiones interminables y amistades construidas a lo largo de los años. Regresan los rostros de colegas que ya no están con nosotros y cuya presencia, sin embargo, continúa habitando estos espacios a través de su legado intelectual y humano.

Con el paso del tiempo he llegado a comprender que las instituciones académicas son mucho más que edificios o estructuras administrativas. Son comunidades de pensamiento.

Lugares donde generaciones enteras aprenden a formular preguntas sobre el mundo y sobre sí mismas.

Y si algo distingue a la psicología es precisamente su voluntad de comprender aquello que somos.

Durante décadas, el Instituto ha contribuido al estudio de la conducta, las emociones, el aprendizaje, la personalidad, la salud mental, las relaciones humanas y muchos otros ámbitos fundamentales de la experiencia humana.

No obstante, tengo la impresión de que hoy enfrentamos desafíos que nos obligan a formular preguntas aún más radicales.

Vivimos una época marcada por transformaciones tecnológicas, culturales y sociales de una profundidad extraordinaria.

Vemos crecer la soledad en sociedades hiperconectadas.

Observamos la fragmentación de las comunidades.

Presenciamos la crisis de las instituciones que durante siglos ofrecieron sentido y pertenencia.

Asistimos al incremento de la violencia, la incertidumbre y el desencanto.

Y frente a este escenario surge una pregunta que considero central para la psicología contemporánea: ¿Qué está ocurriendo con la condición humana?

Gran parte de mi trabajo intelectual de los últimos años ha intentado responder, desde distintas perspectivas, a esa pregunta.

Las reflexiones que quisiera compartir hoy forman parte de esa búsqueda.

No constituyen respuestas definitivas, son simplemente algunas contribuciones al esfuerzo colectivo por comprender quiénes somos, qué nos está ocurriendo como sociedad y qué posibilidades tenemos para reconstruir aquello que nos hace profundamente humanos.

Si tuviera que resumir en una sola frase la preocupación que ha guiado mi trabajo intelectual durante los últimos años, diría que he intentado comprender una crisis que considero decisiva para nuestro tiempo: la crisis de los fundamentos de lo humano.

Durante siglos, las grandes tradiciones filosóficas, religiosas, políticas y culturales proporcionaron respuestas relativamente estables a preguntas fundamentales:

¿Quiénes somos?

¿Qué nos hace humanos?

¿Qué significa vivir una vida buena?

¿Cuál es nuestra relación con los demás?

¿Qué papel desempeñan la comunidad, la libertad, la autoridad, la familia, la cultura y las instituciones en la formación de nuestra identidad?

No obstante, muchas de esas respuestas parecen encontrarse hoy en proceso de agotamiento.

Vivimos una época caracterizada por fenómenos aparentemente contradictorios.

Nunca habíamos tenido tantas posibilidades de comunicación y, sin embargo, la soledad se ha convertido en una experiencia cada vez más frecuente.

Nunca habíamos contado con tanta información y, sin embargo, parece aumentar la dificultad para construir sentido.

Nunca habíamos disfrutado de mayores niveles de autonomía individual y, sin embargo, observamos una creciente fragilidad de los vínculos comunitarios.

Nunca habíamos tenido tantas herramientas para conocer el mundo y, sin embargo, seguimos enfrentando enormes dificultades para comprendernos a nosotros mismos.

Desde mi perspectiva, estos fenómenos no constituyen problemas aislados, forman parte de una transformación más profunda que afecta los fundamentos mismos de la condición humana.

Por ello, comencé a preguntarme si las categorías heredadas de la modernidad continúan siendo suficientes para comprender al ser humano contemporáneo.

Buena parte de la psicología moderna heredó una imagen del ser humano como individuo autónomo y relativamente independiente de los vínculos que lo constituyen, sin embargo, muchos de los problemas contemporáneos parecen desafiar esa visión.

Por ejemplo, cuando observamos el aumento de trastornos asociados al aislamiento social, la pérdida de sentido de pertenencia o el debilitamiento de las comunidades, descubrimos que el sufrimiento humano no puede comprenderse únicamente desde la interioridad psicológica.

Es necesario comprender también la estructura de relaciones que sostiene a cada persona.

Esta reflexión me condujo a formular la teoría del sujeto nodal.

La noción de sujeto nodal parte de una idea simple pero profunda: no somos individuos que ocasionalmente establecen relaciones, somos seres constituidos por relaciones.

Cada persona representa un punto de encuentro entre múltiples redes de vínculos familiares, afectivos, simbólicos, culturales, económicos, históricos y territoriales.

Por ejemplo, cuando una comunidad se desintegra por la violencia o la migración, no sólo se modifican las condiciones materiales de vida, también se altera la estructura subjetiva de quienes pertenecen a ella.

La identidad individual se transforma porque la red que la sostenía ha sido dañada.

Desde esta perspectiva, la psicología puede comprender de manera distinta fenómenos como la exclusión, la resiliencia, la pertenencia o la construcción de identidad.

Esta misma preocupación me llevó a replantear otra cuestión clásica de la psicología: la libertad.

Durante mucho tiempo se discutió si los seres humanos son libres o están determinados por factores biológicos, psicológicos y sociales.

Mi propuesta ha sido abandonar esa oposición.

Un ejemplo puede ayudar a comprenderla.

Una persona que identifica patrones familiares que condicionan sus relaciones afectivas no elimina esas influencias, pero al reconocerlas puede libremente reorganizar conscientemente su relación con ellas, aumenta su capacidad de decisión y su libertad.

Por ello he definido la libertad no como ausencia de determinaciones, sino como capacidad creciente de reconocerlas y reorganizarlas.

La psicología posee aquí una función fundamental: ampliar la autocomprensión humana.

La crisis contemporánea también me llevó a estudiar el papel de los símbolos.

Una noticia falsa puede desencadenar miedo colectivo, así como una narrativa política puede producir esperanza o resentimiento, o una idea religiosa puede orientar durante décadas la conducta de millones de personas.

Estos ejemplos muestran que los símbolos no son simples representaciones de la realidad, son fuerzas capaces de reorganizar la experiencia humana.

Comprender cómo opera el universo simbólico constituye una tarea esencial para la psicología contemporánea.

Otro aspecto de esta crisis aparece en la relación entre poder y subjetividad.

¿Por qué individuos que inicialmente luchan por causas colectivas terminan alejándose de ellas?

¿Por qué tantas experiencias políticas reproducen patrones semejantes de autoritarismo, personalismo o corrupción?

Mi respuesta ha sido que el poder modifica gradualmente la percepción de quienes lo ejercen.

La enfermedad del poder no comienza cuando aparece la corrupción, comienza cuando la autoridad empieza a confundirse con la identidad del individuo, cuando el sujeto deja de distinguir entre quién es y el cargo que ocupa.

Se trata de un problema profundamente psicológico que apenas empezamos a comprender.

Finalmente, estas investigaciones me condujeron a reflexionar sobre el papel de la comunidad en el desarrollo humano.

De ahí surge mi propuesta sobre la República Municipal y el Federalismo Nodal.

Más allá de su dimensión política, esta propuesta parte de una convicción psicológica, pues los seres humanos se construyen en comunidades concretas, aprenden a cooperar en comunidades concretas, desarrollan sentido de pertenencia en comunidades concretas, y encuentran reconocimiento en comunidades concretas.

La pregunta por las instituciones no es, por tanto, una pregunta ajena a la psicología, es también una pregunta sobre las condiciones sociales que favorecen o dificultan el desarrollo de sujetos libres, responsables y solidarios.

En el fondo, todas estas investigaciones buscan responder una misma pregunta: ¿cómo reconstruir una comprensión integral del ser humano en una época en la que parecen haberse debilitado muchos de los fundamentos que históricamente dieron sentido a la existencia? Ésa es, al menos para mí, una de las tareas intelectuales más urgentes de nuestro tiempo y una de las contribuciones que la psicología puede realizar a la construcción de un